El amor era un verbo en la brisa del balcón y sus miradas lo decian todo. Las velas, las copas y las flores eran ese detalle escenográfico que denotaba el interés minucioso por mostrar todo rinconcito de su corazón que ella conquistaba todos los días. Cada sorbo de vino iba a quedar para siempre en el recuerdo y sin saberlo ellos aún, su sabor estaba destinado a ser el transporte que los llevaría a ese momento cuando el tiempo haya hecho lo suyo. No se callaban las palabras románticas y nisiquiera alcanzaban para expresar todo eso que estaba en el pecho. Cerrada por un baile lento la noche se volvió inolvidable...
Tan desafortunado el amor quizo romper el hechizo antes de tiempo, confiados ellos en que la vida con su sabiduría podría poner esos pies denuevo en el camino que empezaron a caminar para los dos.
Que la distancia no sea esa piedra en el camino, que lo que los encontró sea lo que los retorne a donde corresponde, que el sentimiento levante su bandera, que estén juntos para siempre.
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