Las estrellas fugaces, la risa cómplice, la brisa calurosa en la piel.
Tu mitad dorada, el vestido de flores, la comida sin anchoas y los tragos de autor.
La pausa forzada, tu pecho latiendo y tu mirada explicando lo que no tiene explicación.
Tus ojos, los que no me quiero olvidar.
Tus ojos viéndome.
El silencio.
El vacío.
