Imagino una orilla del río, un escondite. Imagino una línea no tan lejana que intenta marcar límites demasiado difusos como para creer. Imagino largas charlas sobre todo y sobre nada, acerca de lo importante y de lo irremediable, de las coincidencias y de los desencuentros.
Imagino un cielo lleno de estrellas, una luna grande y una luz celeste en el horizonte, lejos... alto. Imagino un suelo apagado sin techo, todo oscuro y brillante, tan público, tan íntimo. Imagino la libertad de estar despojada de todo ante los ojos de algún curioso balcón, ver a todos sin que me vean, que me vean sin que me entere.
Imagino un verano, un otoño, un invierno y una primavera. Imagino una montaña diferente, en la que se hunden los pies descalzos mientras moja una lluviecita, entre una tela liviana que deja sentir la brisa. Imagino una promesa sin vencimiento, palabras que no están vacías. Imagino escritas muchas páginas secretas.
Imagino imaginar mientras lleno la soledad.
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