lunes, 9 de mayo de 2011

Después de un baño de luna estaba todo preparado para una noche única e inolvidable. La ducha fue una odisea por las deficiencias propias de una desorganización tercermundista, aunque los contratiempos no alcanzaron a opacar el brillo crepuscular de la fecha.
Ella apareció en la sala deslumbrante con su "little yellow dress" para seguir la tradición protocolar que auguraba éxitos para el nuevo comienzo, él la encandiló con su mirada obnubilada mientras le susurró en secreto: "estás hermosa!". Estaba todo listo y acababa de empezar.
Preparados para la llegada de la hora clave, los invitados levantaron las copas e improvisaron emocionados buenos deseos para todos los presentes. Ellos sólo se miraban. Luego del brindis los abrazos afectuosos tomaron protagonismo, a ellos dos no les alcanzaba. Cuando todos se despistaron víctimas del champagne, dejaron el salón sigilosos.
La luna quiso estar presente como testigo de lo que nadie mas podía ver.
Ayudada por el desnivel de los escalones ella alcanzó sus ojos mientras se confesaron su amor, el beso no los sorprendió y los corazones no pudieron esquivar las emociones latiendo mas rápido que lo habitual. Se abrazaron por diez segundos que parecieron tres... tenían que volver, nadie mas podía saber.
Al regreso cada uno por su lado, intentaron eludir lo sucedido, el festejo siguió su curso y recibieron el amanecer apartados pero pensándose.
Nada volvió a ser lo mismo desde esa noche, la necesidad de ser secretos fue mas fuerte. Ni él ni ella volvieron a hablar del tema, pero su amor quedó flotando en sus memorias, y no hay luna que no aparezca para recordarles el instante perfecto en que él fue él y sus sentimientos y ella fue ella y su corazón.

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